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10 BENEFICIOS DE LA NATACIÓN

La natación puede ser una excelente rutina física para adoptar en tu vida diaria, ya que mejora tu salud y calidad de vida.

Uno de los ejercicios más completos para trabajar tu mente y cuerpo es la natación; te mantiene en forma, fortalece tus músculos y tu memoria, por lo que es recomendable que se practique a cualquier edad.
  1. Tu calidad de vida mejora. La natación te permite retrasar la etapa del envejecimiento; tu capacidad motriz aumenta, al igual que tu memoria, ya que se requiere mayor concentración y coordinación.
  2. Hace que estés más alerta, con más equilibrio y que tengas un tiempo de reacción complejo más eficiente y rápido; las heridas tardan menos en sanar.
  3. Quemas mayor número de calorías. En el agua tus músculos trabajan de cinco a seis veces más que en tierra firme.
  4. La natación aumenta tu masa muscular y la tonifica; alarga tus músculos y mejora tu silueta. Una hora de este ejercicio te permite quemar hasta 600 calorías.
  5. Tu cuerpo se hace más resistente, ya que la natación aumenta el grosor de tus huesos.
  6. Tu organismo adquiere mayor movilidad y elasticidad. La natación permite ejercitar las articulaciones, aumenta su flexibilidad y el rango de movimiento.
  7. Favorece la actividad del sistema cardiorrespiratorio.
  8. Aumenta la flexibilidad de la columna y elimina los dolores.
  9. Mejora tu circulación. Cuando nadas, le das un masaje a cada órgano de tu cuerpo, la sangre se activa y te sientes mejor.
  10. El nadar relajas no sólo los músculos del cuerpo, sino también tu mente, por lo que tu estrés disminuye considerablemente.

Sólo con nadar 40 minutos cada día, tus músculos se fortalecen, lo que te ayuda no sólo a adelgazar sino fortalecer tu cuerpo.

Si quieres adoptar la natación como rutina física regular, te aconsejamos:

Siempre usa el protector solar antes  de sumergirte en la piscina, sin importar la hora del día que escojas para nadar.

No te excedas: Nadar con intensidad cuando no se está acostumbrado a  hacerlo puede provocarte lesiones musculares, calambres, problemas de columna y otros. Comienza con una rutina moderada y, con el paso de las semanas, sube el ritmo.

Si no sabes nadar, o hace mucho tiempo no lo haces, lo mejor que puedes hacer es inscribirte en un curso de natación en un club deportivo de tu ciudad. Evita riesgos.

Dúchate antes y después de nadar: Así disminuirás el riesgo de contagio de enfermedades como hongos y otros problemas de la piel. Utiliza algún calzado especial a la hora de utilizar una ducha pública.

El gorro de baño puede ser  anticuado, pero te ayudará a nadar sin que el pelo roce tu cara y moleste. Además, los diferentes químicos que tienen las piscinas pueden dañar el pelo eventualmente.

El control de la respiración al nadar es la clave para hacer el ejercicio bien hecho y  evitar el agotamiento físico al terminar la rutina. Nada despacio, y cuando sientas ahogo o problemas para respirar, descansa. El objetivo no es fatigarse, sino relajarse y disfrutar del ejercicio.

Sécate bien después de salir de la piscina. Permanecer con la piel húmeda por mucho tiempo puede provocar la aparición de eczemas y otros brotes dañinos para la piel.

Si has comido en abundancia, espera entre  media y una  hora antes de meterte a la piscina. Hacerlo inmediatamente puede traerte problemas digestivos y circulatorios.

Si tienes los ojos rojos después de nadar, puedes utilizar gafas especiales para nadar o utilizar gotas lubricantes con moderación al salir de la piscina. No utilices lentes de contacto para nadar, pues estos pueden contaminarse con los químicos que tiene la piscina y causarte una severa infección en los ojos. Si el problema continúa, consulta a tu médico.

Si quieres practicar la natación como ejercicio regular, asegúrate de preguntarle a un deportólogo si tu estado de salud lo permite,  pues esta puede estar contraindicada para algunas enfermedades cardiorespiratorias.

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